Esta ley establece que los futbolistas extranjeros, al igual que los españoles, que ganen más de 600.000 euros al mes (no está nada mal la cifra), deberán destinar un 43 % de sus ingresos a las arcas del estado.
Veamos, echemos cuentas.
Pongámonos en el peor de los casos y pensemos que el pobrecito Cristiano Ronaldo (sueldo de 13 millones de euros al año) o que el pobrecito Messi (9 millones de euros anuales) sólo cobran 600.000 euros al año, sólo 100 millones de las antiguas pesetas (se van a morir de hambre). Si tienen que destinar un 43% de sus ingresos a pagar impuestos, esto les supondría pagar 258.000 euros y quedarse con la deplorable cifra de 342.000 euros, es decir, se quedarían con un sueldo de 58.000.000 de pesetas.
Fíjense en Kaká cobra 9 millones de euros anuales. Destina el 10% de sus ingresos a la Iglesia Evangélica, por lo tanto con esta nueva medida perderá un 53% de sus ingresos por parte del Real Madrid, con lo que se quedará con 4.230.000 euros, se vería sumido en la miseria.
¿Pero es que estamos locos? ¿Estamos pretendiendo que vivan un año con una cifra que apenas supera el medio centenar de pesetas? Por supuesto estoy siendo sarcástica hasta el extremo, ya que estos señores cobran muchísimo más de 600.000 euros al a
ño y de todas maneras, cualquier persona con dos dedos de frente que no se gaste el dinero en estúpidos caprichos y fiestas derrochadoras puede vivir con un nivel de vida altísimo cobrando 600.000 euros al año.Pero claro, a ver quien le dice al niño caprichoso de Cristiano Ronaldo, que va a tener que controlar sus gastos y ralentizar su colección de coches.
Ya de por sí me parecen una inmoralidad los sueldos de los futbolistas de primera disivisón en España, tanto los de los extranjeros como los de los españoles. Con esas millonadas que se van en sueldos y fichajes se podrían hacer maravillas en muchos sitios subdesarrollados.
Bajo mi punto de vista tiene tan poca vergüenza el futbolista que acepta ese sueldo como el presidente que se lo paga.
Muchos futbolistas tienen orígenes humildes, pero al venir a España parece ser que se olvidan de la miseria que hay en su país y comienzan a compara coches de lujos, ropa de diseño, mansiones, etc. Eso sí, una vez al año hacen alguna campaña para que se compre algún boligrafo solidario o alguna gilipollez de ese estilo.
Quizá a los señoritos hay que pagarles más de 3 millones de euros al año por pegarle patadas a un balón, porque ellos lo valen y son así de magníficos.
No sólo yo propondría que paguen un 43% de impuestos como los españoles, sino que yo situaría el sueldo tope en esos 600.000 euros, aunque ya me parece una barbaridad esta remuneración; para que el 80% del dinero que produzcan (por ejemplo del marketing), se destine a realizar obras humanitarias en el tercer mundo.
Los dueños de los equipos defienden su oposición a esta reforma legal afirmando que muchos futbolistas se irán de España porque aquí los impuestos son más altos. Pues yo le digo que qué le vamos a hacer. Ahora usted, en vez de ganar 10 millones de euros con la camiseta de sus jugadores, va a ganar 5 millones ¿tendrá para su hipoteca?
Todo esto forma parte del sistema capitalista que pretende gravar más las rentas de los pequeños sueldos que de los grandes (mirar pirámide capitalista). Están tan acostumbrados a desperdiciar el dinero en objetos de lujo inncecesarios y elitistas (recordemos el caso de Beckham que le compró a su mujer un consolador de 2 millones de euros al año), que no se paran a pensar cuántas cosas podrían hacer para el bien de los demás con ese dinero.
No tienen ningún derecho a exigir las cantidades de dinero que cobran, es una inmoralidad que ellos reciban esas cifras desorbitadas por entrenar 3 horas a la semana y jugar un partido de hora y media cuando hay gente que trabaja más de 12 horas al día y no tiene ni un dólar diario.
Claro que para llegar donde están han tenido que entrenar mucho y esforzarse, ¿pero realmente se merecen que se les paguen a la malloría millones de euros al año?
Creo que no estoy diciendo nada que no se piense ya, pero queda pararles los pies.









